Digo a toro pasado, porque voy a remontarme a los años 70... ¡uuuuh!. Pues sí, ya sé que no habían nacido, pero para que sepan historia e historias, digo. Es que en un bonche de papeles por romper, me encontré una crónica mía escrita para los cuates, acerca de la visita que la Reina Isabel de Inglaterra hiciera a México durante el período de Echeverría (de infeliz memoria...) y me pareció simpática y compartible con ustedes .Yo trabajaba en la entonces floreciente (ya ni existe...)Revista Gente. Mi jefe, Carlos Adalid, director de la misma, me dijo: "Vamos a repartirnos la cobertura de estas danzas: yo voy al Zócalo y a la rueda de prensa en el Camino Real y tú a la "noche mexicana" en Palacio, a la charreada y a la visita al Museo de Antropología". Consiguió unos gafetes metálicos muy vistosos y nos lanzamos a la chamba.
Mientras me preparaba para esa noche, no me quise perder la llegada de la reina Isabel , que venía acompañada de su consorte -como dijera un locutor-animador de la charreada. Felipe de "Indinburgo" y prendí la tele. ¡Apoteósico! En la pantalla estaba la llegada de los reales huéspedes al aeropuerto. Ustedes saben que, por protocolo, el mismo príncipe Felipe siempre debe quedar en actos oficiales, dos pasos atrás de la reina. Pues no, aquí , el señor Presidente caminaba al parejo de ella, igual que Da. Esther -la compañera Ma. Esther-, y lo que fue peor, el entonces retoño de ambos, el escuitle Benito Chamizal, de 9 o 10 años, adelante de la reina para arriba y para abajo:¡bárbaro!
Cosa increíble fue también fue el carro alegórico -que no era otra cosa- , que fue mandado a hacer expresamente para conducir a la reina del aeropuerto a Palacio. Era como un jeep adornado como para peregrinación a la Villa, con tres compartimentos: uno para el chofer y el jefe de la Guardia Presidencial; otro para el señor Presidente y la Reina; y otro para la Sra Zuno y el Príncipe. Pues en lugar de la Reina metieron a la intérprete -que la pobre no hallaba como acomodarse-; en el lugar de atrás sucedió lo mismo con la otra intéprete. Total, que a la primera la bajaron y la sentaron atrás con la segunda intéprete, doña Esther y el Príncipe. El pobre Felipe quedó casi prensado, no sabía donde meter el espadín y de paso le voltearon la gorra... Por fin , alguien sensato hizo que bajaran las dos intépretes: era preferible que se guardara silencio: se ahorraron los comentarios y sólo se intercambiaron sonrisas. ¡ Aahh!, pero quien vino a coronar la escena fue el niño Benito, al que colocaron entre el chofer y el General Castañeda de la Guardia Presidencial, quien se brincaba (Benito, no el General) de allí a los asientos de la Reina y su papacito y viceversa. Isabel callaba, volteaba a ver al pueblo que formaba valla a su paso y en su interior invocaría a Herodes...
Y hasta aquí hoy. Luego les sigo contando. Me estoy divirtiendo mucho al recordar todo esto.
Saludos de Rosario Camargo E.
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Ya me estoy riendo de recordar contigo algo que no viví. Siguele Chayo
ResponderEliminarEstan increible tus historias. Chayito.
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