Michael Jackson... No pienso en el ídolo, en el famoso, en el motivador de miles de artículos periodísticos a su alrededor, ni siquiera en su música. Pienso en Michael Jackson el hombre, el ser humano con alma y cuerpo. Después de su muerte, ¿a qué se enfrentó? Su alma, como la de todos, al final se enfrenta con Dios. Un Dios justo. Un Dios misericordioso, que no quiere el mal sino el bien, el bien máximo para todos nosotros. Él estará ya rindiendo cuentas y nadie podemos juzgarlo. El fondo del alma es íntimo y personal, es conciencia, es verdad. Seguramente habrá muchas personas que tuvimos un recuerdo de caridad, para esa persona controvertida y misteriosa. El misterio. El misterio que envuelve el fondo de nuestra alma es nuestro, sí, pero también es compartyido con el Creador, con Dios que es Padre amoroso y, repetimos justo. Jackson fue un hombre que abrió una brecha diferente para la juventud, no siempre positiva, no siempre y no para todos. Cada persona es digna de respeto. Esperamos que sus millones de seguidores, al menos una parte, tenga para él algo más que un recuerdo musical, que una anécdota escandalosa, sino una oración por su alma, llena de buenos deseos en el Señor.
Rosario Camargo Espriú
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