Hoy es Día de Reyes y aunque la liturgia ha pasado la celebración de esta fiesta de Epifanía al domingo pasado, hoy todos lo consideramos el clásico día de regalos, sobretodo los niños. No puedo decir que a mis casi 82 me considere infante, pero me sigue gustando que me regalen y hoy, aunque el domingo ya recibí un regalo pequeño, me voy a hacer un regalo -o varios- yo misma. ¿Qué me puedo regalar que iguale aquel lejanísimo 6 de enero cuando tenía 11 años en que mi alegría no tuvo límites al despertarme y ver a los pies de mi cama un librerito con puerta de cristal, donde se alojaban los 20 tomos de El Tesoro de la Juventud, más 4 tomos empastados en rojo, con los Cuentos de Grimm, Andersen , etc.? Pues sí, hay algo parecido que me hace igual ilusión: mis recuerdos más entrañables, esas ocasiones que no se olvidan, que te marcan, que gozas al recordarlos.
Pues como es día de Reyes, me he acordado de don Alfonso Reyes, del día en que lo conocí y de esto hace 50 años. Fue en Cuernavaca. Una amiga peruana me pidió que le consiguiera , a una periodista también peruana que pasaba por México rumbo a un congreso en Washington, llamada Elsa Arana Freyre, nada menos que una entrevista con el famoso escritor, diplomático, ensayista, poeta, filósofo, gran literato don Alfonso Reyes. Y no sé ni cómo, pero se la conseguí: estaba en Cuernavaca, convaleciendo una afección cardiaca y se hospedaba en el Hotel Marick. Llegó la susodicha periodista a quien yo no conocía y sin más, tomamos un "turismo", una vieja limousine que hacía viajes a Cuernavaca y que se contrataba en los hoteles. Lo encontramos en la terraza del hotel, que daba a la calle, sentado en una mesita bajo una sombrilla y tomando un aperitivo. Era un viejito lleno de vida, alegre, simpático, acogedor. Yo era una jovencita que estudiaba museografía y que por mis cultos compañeros sabía de la importancia de semejante personaje. Yo iba de musica y acompañamiento, de mirona y me encantó escuchar y ver también la profesionalidad de la periodista, igualmente famosa no sólo en su tierra. Ahí me nació la primera inquietud por el periodismo. D. Alfonso se veía muy bien, muy animado, tanto, que al tiempo que contestaba a la entrevistadora, echaba ojitos a cuanta gringuita guapa pasaba...
Elsa abordó mil temas y finalmente le preguntó: "D. Alfonso, ¿cuándo vuelve a escribir poesía?" Ël le contestó: "Por ahora no, pues estoy escribiendo otras cosas más importantes; tal vez dentro de unos 5 u 8 años, no sé..." D. Alfonso murió ese mismo año de 1959, tres meses después. En este pasado diciembre del 2009 cumplió 50 años de muerto. La vida es así: hacemos planes, proyectamos a futuro y luego..., nos llega la hora de encontrarnos cara a cara con Nuestro Señor. Lo importante es morir haciendo lo que el Señor nos dicta, lo que solemos hacer para su gloria, ËL recoje en el momento preciso, en el mejor para nosotros, aunque nos cueste creerlo.
Tengo una foto con D. Alfonso que nos tomó Elsa. La guardo celosamente, la aprecio. Ahora estará escribiendo poesía en su mejor estilo. Los escribirá con pluma de ave ¿o con pluma blanca de algún ángel?
Rosario Camargo Espriú
miércoles, 6 de enero de 2010
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