sábado, 18 de julio de 2009
Muerte asistida=suicidio
Sir Edward Downes, británico que fuera director de orquesta de la Filarmónica de la BBC y la Öpera de Londres,acudió, junto con su esposa, a una clínica llamada Dignitas,en Zurich, Suiza, donde brindan "cuidada"asistencia para suicidas. Tenía 84 años y 54 de matrimonio feliz. Él tenía problemas de audición (Bethoven ¿no era sordo?) y ceguera progresiva; a su esposa le habían diagnosticado cáncer . Sus hijos -por lo visto muy "comprensivos"- notificaron que sus padres prefirieron acabar así con su vida para no seguir sufriendo con sus males. En su libro "Dios y el mundo" del entonces Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, menciona que "cada ser humano procede de la libertad divina y ha venido al mundo por derecho propio de Dios..." Añadiendo "...Dios se opondrá al último desafuero, a la última destrucción impía de la persona... no todo acaba con la muerte y eso es una certeza fundamental no sólo de la fe cristiana, sino común a distintas modalidades de toda la humanidad. Existe un juicio..." Para estos "conformistas" , quitarse la vida a voluntad resulta muy "civilizado", pues así se evtita el sufrimiento y el pasar por esa disminución de vida hasta su fin , que implica dolor, propio y de quienes le rodean, el verse consumiendo en su naturaleza humana que un día fue vigorosa y bella...En suma, se tiene horror al dolor, a la enfermedad, en una palabra, se ignora o trata de evadir el sentido de la cruz con el que todos nacemos y experimentamos tarde o temprano: también es ley de vida el dolor humano. Que es difícil de entender, sí; que es difícil de justificar, sí; pero tiene un sentido: para los cristianos, unirnos a Jesucristo en su muerte de cruz, pero también como Ël, llenarnos de esperanza y de paz ante la resurrección, la nuestra, que al igual que la de Jesús, libera y se dirige al encuentro del Padre. El dolor, redime. El dolor, purifica. El sufrimiento dignifica, no lo contrario. Sufrir -todo sufrir- tiene un sentido, muchas veces inaccesible a nuestro entender, pero así es. Nosotros no podemos traspasar la línea del misterio de Dios. Y para los cristianos está el "Yo creo, yo espero." El Cardenal Ratzinger, el Papa, ha escrito también, que "el respeto por todo lo que debe seguir siendo intocable (como es el sentido de la cruz, del dolor y de la muerte) ha de converthirse en la ley fundamental de cualquier actuación humana. Tenemos que saber que el ser humano no puede ni debe estar sometido a nuestros planes de montaje. Tenemos que saber que el mero inicio de ese montaje puede convertirse en una pretensión de dominar el mundo que, al mismo tiempo, alberga en su seno la destrucción ..." Y él habla , efectivamente, del ser humano, de su cuerpo y de su alma. Podemos afirmar que su patrimonio moral, hoy, desgraciadamente, no responde a su patrimonio técnico. Dios espera de nosotros algo más que ciencia, requiere una altura moral que, esa sí, sea digna.
domingo, 12 de julio de 2009
¿Y luego, Michael Jackson...?
Michael Jackson... No pienso en el ídolo, en el famoso, en el motivador de miles de artículos periodísticos a su alrededor, ni siquiera en su música. Pienso en Michael Jackson el hombre, el ser humano con alma y cuerpo. Después de su muerte, ¿a qué se enfrentó? Su alma, como la de todos, al final se enfrenta con Dios. Un Dios justo. Un Dios misericordioso, que no quiere el mal sino el bien, el bien máximo para todos nosotros. Él estará ya rindiendo cuentas y nadie podemos juzgarlo. El fondo del alma es íntimo y personal, es conciencia, es verdad. Seguramente habrá muchas personas que tuvimos un recuerdo de caridad, para esa persona controvertida y misteriosa. El misterio. El misterio que envuelve el fondo de nuestra alma es nuestro, sí, pero también es compartyido con el Creador, con Dios que es Padre amoroso y, repetimos justo. Jackson fue un hombre que abrió una brecha diferente para la juventud, no siempre positiva, no siempre y no para todos. Cada persona es digna de respeto. Esperamos que sus millones de seguidores, al menos una parte, tenga para él algo más que un recuerdo musical, que una anécdota escandalosa, sino una oración por su alma, llena de buenos deseos en el Señor.
Rosario Camargo Espriú
Rosario Camargo Espriú
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